Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 21 de mayo de 2012
Este artículo señala como los
lobbies financieros están influenciando la Comisión Europea, adquiriendo
un protagonismo en la preparación de propuestas y normas aprobadas por
la Comisión, que beneficia a la banca y a las compañías de seguros
europeas a costa del ciudadano, que es el que financia tal Comisión. La
existencia y protagonismo de tales lobbies corrompe el proceso
democrático que justifica la existencia de tal Comisión.
La enorme influencia de los lobbies
económicos sobre el Congreso de EE.UU. y sobre las diferentes agencias
del Gobierno federal es un hecho bien conocido, y es la causa de que
exista una movilización popular, liderada por el movimiento Occupy Wall
Street, que denuncia esta corrupción de la democracia estadounidense.
Esta corrupción impide el pleno desarrollo del mandato popular, definido
en la Constitución de aquel país que comienza con la espléndida frase
“We, the people, decide” (Nosotros, el pueblo, decidimos). La
privatización del sistema electoral, con la enorme influencia de tales
lobbies ha cambiado el espíritu de tal Constitución, de manera tal que
la realidad política transforma aquel “Nosotros, el pueblo, decidimos”
en “Nosotros, los poderes financieros y económicos, decidimos”. No
sorprende, pues, que la gran mayoría de ciudadanos de EE.UU. no crean
que el Congreso de EEUU y el gobierno federal representen los intereses
de la población (el 68% y el 78%, respectivamente). Unos porcentajes
casi idénticos creen que Corporate America –la expresión popular que
define el mundo de las grandes empresas y de las grandes finanzas (lo
que el movimiento Occupy Wall Street llamó el 1%)- es la que controla el
Congreso y el gobierno federal.
Una situación casi idéntica está
ocurriendo en la Unión Europea. Y es sorprendente que no exista una
denuncia tan generalizada como está ocurriendo en EE.UU. Según un
estudio de los sindicatos austriacos, existen entre 15.000 y 20.000
lobbies en Bruselas, sede de la Comisión Europea, que se gastan casi
3.000 millones de euros en influenciar a tal Comisión. La gran mayoría
de estos lobbies son empleados de las grandes empresas financieras y de
las corporaciones multinacionales (el 68%), y sólo una minoría (un 1%)
representa a sindicatos y asociaciones de ciudadanos. Entre los
primeros, los más importantes y que cuentan con más recursos, son los
que representan intereses bancarios.
El informe citado anteriormente señala
la apertura que la Comisión tiene hacia tales lobbies financieros y
empresariales a los que considera como aliados naturales en su intento
de estimular la economía europea y su competitividad. De esta manera la
industria financiera ha tenido una enorme influencia en desregular la
movilidad de capitales en la UE, semejante a la ocurrida en EE.UU. (y
que llevó a la crisis). Como ocurrió en EEUU, fueron estos lobbies de la
banca los que en realidad escribieron la legislación desregulando la
banca europea, causa también de la crisis financiera europea. Esta
influencia, junto con la ejercida por el mundo empresarial, explica el
desmantelamiento del Estado del Bienestar y ataque al modelo social
europeo, mediante los recortes que se están imponiendo en los distintos
Estados miembro de la UE y que han llevado al desastre a Grecia y,
probablemente, le ocurrirá lo mismo a España.
Fueron tales lobbies los que también
jugaron un papel clave en el desarrollo de lo que se llama el Six Pack
del sistema de gobernanza económica, que fue aprobado rápidamente, con
nocturnidad y alevosía (sin discusión en el Parlamento Europeo), que da a
la Comisión Europea un enorme poder para sancionar a aquellos países
que no cumplan con la austeridad impuesta. Fueron también tales lobbies
financieros los que escribieron el nuevo Pacto de Fiscalidad, que fuerza
a los Estados a alcanzar un déficit público cero. Otro lobby que ha
influenciado enormemente a la Comisión es la Mesa Redonda Europea de
Industrialistas y Empresarios (European Round table of Industrialists),
que ha conseguido escribir la legislación que impone gran número de
reformas neoliberales en la UE. Estamos, pues, viendo que el poder
económico y financiero está corrompiendo el proceso democrático,
influenciando indebidamente a aquellas instituciones, como la Comisión
Europea, que, financiadas públicamente, deberían responder a los
mandatos de la ciudadanía de los países miembros de la UE, en lugar de
los lobbies financieros y empresariales. Sería de desear que hubiera a
nivel europeo un movimiento equivalente al 15-M, que denunciara en
términos contundentes tal falta de democracia en las instituciones
europeas. Los sindicatos ya lo están haciendo y se necesita una
movilización general para denunciar su falta de democracia.
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