¿Por qué y cómo surgió el 15-M?
A raíz del aniversario del movimiento 15-M, publicamos de nuevo este artículo del profesor Navarro. 15 de mayo de 2012.
Este artículo analiza las causas
que determinaron la aparición del movimiento 15-M en España, en
protesta a la situación en la que se encuentran grandes sectores de la
población y, muy en particular, los jóvenes.
Estamos hoy
viendo en España el ataque (y no hay otra manera de definirlo) más
frontal al bienestar de las clases populares desde el final de la
dictadura fascista (sí, el término científico para definir aquella
dictadura no es franquismo, sino fascismo) en el año 1978. Aquel final
ocurrió mediante una transición (que no fue modélica) de una dictadura a
una democracia sumamente limitada e insuficiente, resultado del enorme
dominio que las fuerzas ultra-conservadoras continuaron teniendo sobre
los aparatos del Estado. Las movilizaciones del mundo del trabajo (desde
1974 a 1976, España tuvo las movilizaciones y huelgas políticas más
numerosas y extensas existentes en Europa) forzaron el fin de aquella
horrible dictadura, de manera que, aún cuando el dictador murió en la
cama, la dictadura terminó en la calle, con la agitación social que la
protesta obrera determinó. Ahora bien, las fuerzas democráticas, y muy
en especial, los dirigentes de los partidos de izquierda, acababan de
salir de la cárcel o habían llegado recientemente del exilio y no
pudieron neutralizar, y todavía menos debilitar, las fuerzas
ultra-conservadoras que controlaban el Estado. La permanencia de la
Monarquía, regida por un Rey nombrado a dedo por el dictador, era el
símbolo de la desigualdad en la correlación de fuerzas en aquel momento.
Las consecuencias de este dominio
ultra-conservador sobre el Estado y sobre la mayoría de las
instituciones mediáticas y políticas del país son muchas. Como ejemplos
podemos citar: una ley electoral escasamente proporcional, que
discrimina a las izquierdas (y muy en especial al partido que lideró la
resistencia antifascista); la ausencia de medios radiotelevisivos o
rotativos de izquierda; y el enorme subdesarrollo social de España (que
durante todos estos años ha continuado teniendo el gasto público social
per cápita -que financia su escasamente desarrollado Estado del
Bienestar- más bajo de la Unión Europea de los Quince (UE-15) (el grupo
de países de semejante nivel de desarrollo económico al nuestro)).
Otra consecuencia de este dominio
ultra-conservador del Estado español ha sido la enorme regresividad de
la política fiscal, que explica, junto con el enorme fraude fiscal, los
escasos ingresos al Estado. Tal realidad, fácilmente documentable (los
ingresos al Estado representan sólo el 32% del PIB, el mas bajo de la
UE-15) niega las tesis neoliberales promovidas por las voces próximas al
capital financiero y a la gran patronal, como Fedea (fundación
financiada por la banca y algunas de las mayores empresas del país, que
se benefician extensamente de la existencia de paraísos fiscales que les
permiten evitar el pago de tributos al Estado) de que nos estamos
gastando en España más de lo que podemos. La validez de tal tesis queda
fácilmente falseada con el siguiente dato. España no es pobre. Su PIB es
el 92% del promedio de los países de la UE-15. En cambio, su gasto
público social per cápita no es el 92% del promedio del gasto público
social per capita de la UE-15, sino sólo el 72%, lo cual quiere decir
que España se gasta 60.000 millones de euros menos de los que se
deberían gastar por su nivel de riqueza.
Es cierto que durante el periodo
democrático iniciado en 1978 ha habido cambios y mejoras, sobre todo en
los periodos de gobiernos PSOE, cambios que han permitido reducir el
enorme déficit de gasto público social. Pero debido al gran retraso que
dejó la dictadura y también a la excesiva moderación de los gobiernos
PSOE, el Estado del Bienestar ha continuado a la cola de la Europa
Social. Y los enormes recortes que está imponiendo el gobierno del
Partido Popular están aumentando todavía más este déficit social. Y ello
es resultado de unas políticas públicas de austeridad que, en su
objetivo central de debilitar al mundo del trabajo, están creando una
recesión que para amplios sectores de la población alcanza niveles de
Gran Depresión.
La rebelión de los jóvenes
Entre estos sectores que viven una Gran
Depresión están los jóvenes. Hoy sólo uno de cada dos jóvenes encuentra
trabajo. Y según las proyecciones de las agencias que gozan de mayor
credibilidad, tal situación continuará durante al menos diez años, una
situación intolerable. Y ello es resultado de decisiones políticas que
se han ido tomando durante todos estos años, tanto en España como en
Bruselas y en Frankfurt y que, con la complicidad de los medios, se han
presentado como las únicas posibles. Los datos, sin embargo, muestran
que por cada medida de austeridad había una política expansiva de gasto
público posible (se hubieran conseguido más fondos revirtiendo la bajada
de impuestos de sucesiones -2.500 millones de euros- que congelando las
pensiones -1.500 millones de euros-).
No es de extrañar que existan protestas populares en las que los jóvenes –a los que erróneamente se les suponía que “pasaban de todo”- protagonicen las movilizaciones en contra de tales políticas y los establishments financieros, económicos, políticos y mediáticos que las imponen. El 15-M es un movimiento que surge como respuesta a tal crisis financiera, económica y política que ha causado la mayor pérdida de legitimidad de tales establishments. Y tanto en sus objetivos, tales como democratizar la sociedad (y la extensión de los derechos políticos, civiles y democráticos de los ciudadanos que ello conllevaría), como en su táctica (con manifestaciones y acampadas no violentas) ha despertado gran simpatía y apoyo popular, del cual deriva su poder.
No es de extrañar que existan protestas populares en las que los jóvenes –a los que erróneamente se les suponía que “pasaban de todo”- protagonicen las movilizaciones en contra de tales políticas y los establishments financieros, económicos, políticos y mediáticos que las imponen. El 15-M es un movimiento que surge como respuesta a tal crisis financiera, económica y política que ha causado la mayor pérdida de legitimidad de tales establishments. Y tanto en sus objetivos, tales como democratizar la sociedad (y la extensión de los derechos políticos, civiles y democráticos de los ciudadanos que ello conllevaría), como en su táctica (con manifestaciones y acampadas no violentas) ha despertado gran simpatía y apoyo popular, del cual deriva su poder.
Esta demanda de mayor democracia entra
en conflicto con la democracia tan limitada que existe en España,
consecuencia de la transición inmodélica referida anteriormente. Hoy,
exigir democracia es subversivo del orden imperante en España. Exigir
que cada ciudadano tenga la misma capacidad de incidencia en la
gobernanza del país es revolucionario, pues terminaría con el dominio de
las instituciones políticas por parte de las fuerzas conservadoras en
el país. Exigir que exista una pluralidad en los medios de información
es terminar con el monopolio de clase existente en los medios en
España. Exigir que todo cargo representativo sea elegido es terminar con
la Monarquía, que es el eje del aparato del Estado todavía controlado
por las fuerzas conservadoras. Exigir que existan formas de
participación directa (como referéndums a nivel de todo el Estado) es
terminar con el control por las élites partidistas del sistema
democrático. Exigir que los partidos se democraticen es terminar con el
control por parte de los grupos dirigentes de tales instrumentos. Exigir
que la economía esté al servicio de las clases populares y no al
servicio del 1% de la población que controla las finanzas y grandes
empresas es también profundamente subversivo en España. Estas demandas,
como los adjetivan los portavoces del establishment, son “extremistas”,
“populistas” o “demagógicas”, adjetivos utilizados por las estructuras
de poder para marginar las voces críticas auténticamente democráticas
que quieren desarrollar la democracia todavía extraordinariamente
limitada en España.
Predeciblemente, la respuesta del establishment a tales peticiones ha sido la represión. Véase lo ocurrido el 1º de Mayo en las manifestaciones organizadas, entre otros, por el 15-M. Yo asistí por la mañana a la excelente marcha organizada por los sindicatos (100.000 personas) y por la tarde a la del 15-M (40.000 personas). Lo que ocurrió en esta última me recordó lo que ocurría en los años cincuenta. A los jóvenes, por ser jóvenes, se les detenía y se les registraba. Era el intento de identificar –como lo hizo el reportaje de La Vanguardia- a los jóvenes como terroristas. Era la criminalización de la juventud. El peligro de instalar de nuevo las prácticas represivas que vimos durante la dictadura existe hoy en España.
Predeciblemente, la respuesta del establishment a tales peticiones ha sido la represión. Véase lo ocurrido el 1º de Mayo en las manifestaciones organizadas, entre otros, por el 15-M. Yo asistí por la mañana a la excelente marcha organizada por los sindicatos (100.000 personas) y por la tarde a la del 15-M (40.000 personas). Lo que ocurrió en esta última me recordó lo que ocurría en los años cincuenta. A los jóvenes, por ser jóvenes, se les detenía y se les registraba. Era el intento de identificar –como lo hizo el reportaje de La Vanguardia- a los jóvenes como terroristas. Era la criminalización de la juventud. El peligro de instalar de nuevo las prácticas represivas que vimos durante la dictadura existe hoy en España.
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