Lo terso del abismo
¡Que no!, ¡que no era amor!
Era pecado desbordado;
el huracán de lava que quema hirviente;
las manos que son bosques;
los labios aturdidos en la sal irradiada;
la semilla en su surco;
el no saber que miente la risa convenida
y doblega las piernas a golpes de sentidos
con emoción punzante.
¡Que no!, ¡que no era amor!
Era mentira, siempre mentira.
Era mentira que expandía su vértigo sobre lo físico.
Decidme: ¿Conocéis?
Decídmelo al oído,
para que nadie sepa lo terso del abismo.
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