En una isla griega (About a Greek Island)
Érase que se era una isla griega, llamada Nomos.
Había una playa y un puerto y un poblado de pescadores; unos pescaban,
otros llevaban el pescado a la ciudad y los niños jugaban entre las
redes o tiraban piedras cortando las olas. El mar era generoso, la pesca
abundante. La vida iba justilla, pero vivían bien; decidieron “progresar” y comprar barcos más grandes para así pescar más.
Eran felices, pero sin dinero. Entonces,
pidieron dinero prestado a bancos extranjeros y compraron barcos más
grandes y pusieron columpios para los niños y compraron abrigos y medias
de seda para las señoras. Con los barcos nuevos más pescaron y más
vendieron y luego hicieron casas más bonitas y pidieron más dinero
prestado y luego hubo más casas y más barcos y más deudas; y nacieron
menos niños. Hasta que el mar se enfadó, la pesca escaseó y los
pescadores retrasaron el pago de las deudas. Entonces, los pobladores de
la isla decidieron trabajar todos – pescadores, mujeres, ancianos y
niños– para devolver el dinero. Trabajaron de día y de noche, unos en la
pesca, otros dando servicio a los turistas que acudían; pero, cuanto
más dinero devolvían, más dinero debían.
En avión llegaron señores con chaqueta y sombrero para reclamar el dinero.
“Cuanto más pagamos, más debemos” –decían los pescadores.
“Cuanto más pagamos, más debemos” –decían los pescadores.
Nadie entendía eso en el pueblo, solo el gobierno y los
banqueros lo entendían. La deuda creció hasta hacerse montaña y un día,
al amanecer, los banqueros aterrizaron con soldados, queriendo cobrar;
como no encontraron dinero, se llevaron los barcos y echaron a la gente
de sus casas. Y sin barcos, ni casas, llegó el hambre y enfermedades. Y
todos en la isla miraban el mar con poco para comer; morían los gatos, morían los perros.
Otro día, al amanecer, volvieron los recaudadores y su comitiva; cogieron el mar y se lo llevaron. Y después volvieron otra vez y se llevaron el sol a su país sombrío.
Los pescadores lloraron, los jóvenes en las calles se
sentaron, indignados; los niños, sin mar, con las olas ya no jugaron. Y
llegó el hambre, la miseria, la muerte. El viento trajo polvo y arenas
que sepultaron las calles, las plazas, los columpios, la escuela; tapó toda la isla, la convirtió en gran montaña, de arena. “Nomos” se llamaba; ahora crecen cactus, brotes verdes.
Excelentísimos señores académicos, excelentísimos señores del tribunal: Éste
es el informe que esta Comisión Internacional ha elaborado tras
investigar los restos de civilización encontrados en el lugar llamado
“Nomos”, situado en un extremo de lo que antes fuera Mar Mediterráneo.
Señores académicos, señores del tribunal: Les damos las gracias por la atención prestada.
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